Tenía los 19 años recién cumplidos cuando por primera vez me planteé la idea de irme de España. No era por la situación económica que atravesaba el país, era más bien por la sensación de que todo lo que me rodeaba me asfixiaba y necesitaba salir corriendo, pero no sabía como. Era un poco injusto para mi familia así que deje la idea en eso, en solo una idea, que no se llevaría acabo por bastante tiempo.
Estábamos por terminar el segundo trimestre cuando empezamos a preparar el examen oral de inglés y las preguntas que me tocaban responder eran sobre mis últimas vacaciones. Como podía ser inventado dije que las había pasado en Italia. Siendo sincera hace muchos años que no me voy de vacaciones, así que me planteé que sería un buen destino. Para pasar unos meses y desconectar del mundo, sobre todo de mi familia. Seguia siendo injusto, sí, pero era hora de que me ocupara de mi vida y llegando a una conclusión: si no me alejaba, nunca viviría mi vida porque, sin darme cuenta, me había convertido en el pilar de mi familia y eso era una responsabilidad que a día de hoy me seguía quedando grande.
Al finalizar el curso preparé mi maleta, me despedí de todos y dije que me iba de vacaciones. Nadie sabía, excepto tres personas, que no volvería por mucho tiempo.
Por fin podía conducir así que, poco a poco me fui alejando de mi casa .El viaje era muy cansado, pero eran 20 horas en las que podría pensar y decidir que hacer con mi vida. Cuando llegué a Italia ya era de noche. Busqué un hotel para quedarme, estaba muerta y necesitaba dormir urgentemente... Además me sentía culpable, me dolía horrores la cabeza y estaba apunto de darme por vencida y volver a casa.
Entonces recordé aquello de 'Quién no arriesga, no gana' y ahora era el momento de arriesgarlo todo, y con un poco de suerte todo me saldría bien.
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